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Abordar una investigación sobre pornografía y masculinidad(es) supone adentrarse en dos conceptos complejos, enmarcados en disputas políticas e ideológicas que dificultan su análisis.
En el caso de la pornografía, por un lado, es reprobada por amplios sectores de la sociedad -desde posturas de derecha hasta diversas posturas feministas, si bien cada grupo con argumentos diferentes-; por otro lado, se trata de una actividad económica con grandes ganancias debido al amplio consumo de sus productos y a su flexibilidad para adaptarse a contextos culturales y tecnológicos dinámicos -por tanto con fuertes intereses para perpetuar su existencia.
De manera marginal, existen voces que consideran que la pornografía también forma parte de la expresión de la sexualidad y por lo tanto no cuestiona su existencia, sino la falta de ética y la visión estereotipada e irreal que aparece en sus expresiones comerciales -que son las más difundidas.
Respecto a las masculinidades, se trata de un término que proviene de los estudios de género y se centra en el análisis de la condición de los hombres y de qué manera se benefician y perpetúan el sistema patriarcal; desde este enfoque académico y político se debate si los hombres podrían o no ser aliados en la construcción de la igualdad de género.
Esta discusión se da en medio del avance de posiciones conservadoras que quisieran el retorno a épocas en las que la autoridad masculina no era cuestionada.
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Esta investigación no es ajena a estas tensiones y conflictos no resueltos en ambos ámbitos; sin embargo, es conveniente aclarar que en el debate sobre pornografía la intención no es colocarnos en algún espectro dentro de las disputas existentes; en tanto que en las discusiones sobre las masculinidades, GENDES se adscribe a la posición de que la igualdad de género incluye, inevitablemente, que los hombres reflexionen sobre su construcción de género para cuestionar los privilegios que dicha construcción les otorga y hacerse responsables en la construcción de sociedades más incluyentes y justas.
Considerando estas perspectivas, el estudio busca aportar desde los estudios de género de los hombres y las masculinidades una mirada que ponga en el centro la complejidad de la realidad actual de la pornografía y que aporte datos empíricos sobre diversos aspectos relacionados con el consumo de pornografía.
Este documento es producto de una investigación que indagó en las percepciones, actitudes, creencias y experiencias de un grupo de hombres de entre 15 y 30 años de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) en torno a la pornografía y su consumo; de manera preponderante se procuró identificar la forma en que la misma interviene en los procesos de socialización de estos hombres, así como en los impactos en sus vidas y en sus relaciones afectivo-eróticas.
La finalidad del estudio es contar con información para construir herramientas y estrategias teórico-prácticas para el trabajo con hombres con la intención de prevenir todo tipo de violencia masculina asociada al consumo de materiales pornográficos; en particular, las que pudieran presentarse en torno a la violencia sexual, digital y aquellas ligadas a consumos pornográficos y prostituyentes vinculados con el delito de la trata de personas.
Con base en lo anterior, se planteó como objetivo general: Identificar si el consumo de materiales pornográficos por parte de los hombres jóvenes de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) tiene algún impacto en sus procesos de socialización de género, específicamente en las percepciones sobre sí mismos, sus parejas y sus relaciones afectivo–eróticas.
Asimismo, se establecieron los siguientes objetivos específicos:
Junto con laComisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México(CDHCM) presentamos la investigación: «Nopor… ser hombre: masculinidades, pornografía y relaciones afectivo eróticas», el día jueves, 5 de octubre de 2023, de 11:00 a 13:00 h, en las Salas Digna Ochoa dentro de las instalaciones de la CDHCM.
Contamos con la presencia de Mauro A. Vargas Urías, Director General de GENDES;César Galicia, psicólogo y sexólogo, conferencista, escritor y creador de contenido;Sharon Bissell, filántropa y especialista en justicia social, de género y derechos humanos, René López, Responsable de Investigación en GENDES yNashieli Ramírez Hernández, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.
La investigación es de carácter exploratorio dadas las características particulares del marco muestral propuesto: al trabajarse con una práctica socialmente estigmatizada, quienes consumen pornografía adquieren cualidades de población oculta, respecto de la cual existen dificultades en el acceso al conocimiento de las características y el tamaño de su población.
Se partió de realizar una investigación de metodología mixta, que conjugó técnicas de investigación cuantitativa y cualitativa. Para el primero de los casos, se realizó una encuesta virtual con 510 participantes de la población objetivo, previo pilotaje.
Los resultados fueron analizados mediante tablas de contingencia y la prueba de similitud de chi-cuadrado. En lo que respecta a la parte cualitativa, se realizaron 8 grupos focales en los cuales participaron un total de 33 jóvenes.
El análisis se efectúo mediante la combinación de la metodología de la teoría fundamentada y el enfoque del Análisis Crítico del Discurso, lo que permitió acercarse a la realidad social narrada por los participantes, tanto desde sus particularidades como a partir de los contextos sociohistóricos que las sustentan.
En general, se puede afirmar que lo expresado en los grupos focales refuerza en algunos casos los resultados de la encuesta, aunque en otros los contradice o complejiza, lo que confirma que se trata de un tópico diverso que requiere abordajes integrales.
Con la finalidad de permitir un acercamiento ágil y aprehensible a la vasta información recolectada y analizada en la encuesta y los grupos focales, se presentan los datos y hallazgos que se consideran más relevantes y significativos en función de los objetivos de la investigación. Quien lo desee, puede profundizar en el tema con la lectura del documento completo de la investigación.
Participamos en el 7.° Congreso de Construcción de Paz con Perspectiva de Género con el panel “Pornografía y masculinidades”. Analizamos cómo ejercemos la sexualidad los hombres con la pornografía como tema subyacente; implicaciones en nuestros vínculos, socialización y más.El panel estuvo conformado por Mauro A. Vargas Urías, Director General de GENDES; Ismael Ocampo, investigador y co-autor de «Nopor… ser hombre»; Susana González, Coordinadora de Posicionamiento Público de GENDES; y René López, Coordinador de Investigación de GENDES.

La edad media en la que se produce el primer consumo de pornografía es de 13 años; 12% la ha visto antes de los 10 años y 71% lo vio por primera vez entre los 11 y los 15 años
La mayoría de los participantes afirma que llegó a la pornografía sin la intención de hacerlo, principalmente a través de un amigo o compañero de clase, aunque también se la encontró de forma casual en la vía pública, internet o en el hogar. En general, en el primer consumo aparecen sensaciones de desagrado que pueden estar mezcladas en mayor o menor medida con sensaciones de curiosidad e interés.
Cuanto más temprano es el primer acceso a la pornografía, menos se hace por propia voluntad, aumenta la insatisfacción con dicha experiencia y hay una tendencia a que se sientan más inseguros con su cuerpo y su desempeño sexual, sin embargo, esto requiere mayor investigación.
El 95% de los encuestados ha visto pornografía al menos una vez en su vida y 78% lo ha hecho al menos una vez en los últimos 6 meses (considerando la fecha en que se contestó la encuesta).
Presentación de «Nopor… ser hombre: masculinidades, pornografía y relaciones afectivo eróticas», en el Centro de Estudios Legislativos para la Igualdad de Género, del Congreso de la Ciudad de México.10 de noviembre de 2023
La visualización de pornografía aumenta en los mayores de edad, entre quienes 97% la han visto al menos una vez en su vida, y 86% la ha consumido en los últimos 6 meses.
Ninguna de las otras variables sociodemográficas consideradas en el estudio interviene significativamente en ver o no ver pornografía, salvo la orientación sexual: quienes se adscriben como no-heterosexuales (homosexuales, bisexuales y pansexuales) ven pornografía en mayor número y con más frecuencia que los heterosexuales.
El tipo de pornografía más visto es el porno casero, seguido de la categoría MILF (del inglés Mother/Mom/Mama I’d Like to Fuck). Uno de cada tres encuestados no busca contenido específico, sino que ve lo que le aparece en la web.
Para la mitad de los participantes, la educación sexual que recibieron no incluía el tema de la pornografía; sin embargo, cuando se llegó a hablar de ella fue en los espacios educativos. Hay coincidencia en que existe una baja presencia del diálogo sobre la temática en los espacios familiares.
Los espacios familiares también ocupan lugares residuales cuando los jóvenes necesitan aclarar sus dudas sobre sexualidad; en el caso de los menores de edad, 37% afirma no acudir con nadie cuando tienen dudas sobre sexualidad.

La motivación principal para ver pornografía es masturbarse y relajarse; la motivación relacionada con el aprendizaje sexual tiene menos de 5% de respuestas. Más allá de la motivación, se preguntó si la pornografía puede ser un medio para aprender sobre sexualidad: 27% de los encuestados considera que sí, 55% cree que no, y el 18% restante no lo tiene claro.
La mayoría de los participantes consideran que lo que se ve en el porno no se asemeja a la realidad de las prácticas sexuales. Uno de cada tres encuestados nunca se ha sentido motivado a llevar lo que ve en el porno a sus prácticas sexuales; la mitad ha llegado a pensarlo en algún momento de su vida y los demás lo considera frecuentemente.
Entre quienes ven pornografía, cerca de 20% no ha propuesto a su pareja afectivo-erótica llevar cabo lo que ve en el porno; cerca de 60% sí lo ha propuesto y la reacción fue de curiosidad o agrado, en tanto que otro 20%, aproximadamente, también lo propuso, pero la reacción fue de indiferencia, desagrado o alejamiento.
Pese a que no se considera que la pornografía sea una fuente de aprendizaje en temas sexuales; en las narraciones de algunos participantes sí reconocen que ha tenido una influencia en la construcción de su sexualidad, tanto en lo que refiere a sus prácticas como en cuanto a sus deseos y gustos.
Para quienes en los últimos 6 meses dejaron de ver pornografía las principales razones expuestas fueron que: nunca les motivó ni les gustó, y no la consideran un producto ético.

Un tema que prácticamente no se ha reportado en la bibliografía consultada, pero que en este estudio aparece como un elemento destacado fue el consumo de pornografía vinculado a estados de estrés y ansiedad que viven los participantes, ya sea en sus centros de estudio o laborales.
En estos casos, tal como ya vimos, la finalidad de ver pornografía es masturbarse para aliviar dichos estados; sin embargo, ese alivio es temporal porque aparecen sentimientos de culpa y vergüenza (80% de los encuestados refiere haber tenido ambas sensaciones por consumir pornografía en algún momento de su vida), que a su vez contribuyen a generar estados de estrés y ansiedad.
Lo anterior genera un círculo vicioso que se manifiesta en un sentimiento de malestar e inconformidad con el consumo de pornografía: en la mayoría de los casos se le califica como negativo y se refiere una constante intención de querer abandonarlo o disminuir su consumo significativamente. Cuando no se logra, la sensación de culpa y vergüenza vuelve a aparecer.
Estos resultados indican la necesidad de indagar en la salud mental y emocional de los jóvenes, principalmente en los de menor edad, para identificar qué factores están influyendo en los elevados niveles de ansiedad y estrés que muestran.
Asimismo, es necesario reflexionar sobre el vínculo que los jóvenes establecen entre su estado emocional, el consumo de pornografía y el ejercicio de su sexualidad, en tanto esta última termina supeditada en buena medida a la ansiedad y el estrés —más que a una necesidad de autoexploración y goce.

Los resultados de la encuesta revelan que es probable que quienes ven tipos de pornografías “más agresivas” -como el hardcore y, en menor medida, el anal y el lésbico- tienden a tener una mayor aceptación de frases sexistas y una posición más desfavorable hacia el movimiento feminista.
Si bien es difícil delimitar cada una de las categorías, en general esas tres que hemos identificado como las más violentas, están dirigidas a hombres heterosexuales, el deseo de las mujeres normalmente es ignorado, tienen escenas de sexo explícito, suelen incluir contenidos agresivos y/o expresiones de dolor y sufrimiento como forma de mostrar el placer en las mujeres.
Es interesante hacer el contraste con quienes ven porno feminista y softporn, porque si bien representan un consumo minoritario, quienes lo ven expresan mayores niveles de no aceptación de creencias sexistas, así como una actitud más crítica hacia los efectos de la pornografía en las mujeres.
Ahora bien, el consumo de esas categorías de porno son resultado de diferentes procesos de toma de consciencia sobre la relación entre violencia de género e industria pornográfica y no al revés -es decir, no es ese tipo de porno el que “educa”, sino que se llega a él al buscar formas de consumo alternativo.
Lo anterior plantea la duda de si quienes sostienen creencias sexistas o rechazan al feminismo lo hacen por el tipo de porno que consumen, o bien ambas cosas (tanto la selección del porno que ven y la conformación de sus opiniones) son resultado de procesos socioculturales de género, en donde, en todo caso, cierto tipo de pornografía reafirma visiones heteronormas y violentas hacia las mujeres.


Para quienes se adscriben como no heterosexuales la pornografía ha funcionado como un espacio que les permitió conocer una sexualidad disidente a la heteronorma, pues encontraron sitios y productos que les acercaron a prácticas sexuales que les eran reprimidas u ocultadas en sus contextos cotidianos.
Por otra parte, los no-heterosexuales muestran algunas características diferentes a las de quienes se asumen como heterosexuales: consumen más porno y con mayor frecuencia; son más selectivos con lo que ven; se masturban en mayor medida.
Los no-hetero suelen tener posiciones menos machistas, son más propensos a considerar que el porno promueve la violencia contra las mujeres y a estar en total desacuerdo con la mayoría de las creencias sexistas, conocen en mayor medida qué es la llamada Ley Olimpia y tienen mayor simpatía por el feminismo.
Lo anterior sugiere una tendencia a que las lógicas de la heteronorma tengan mayor peso en la configuración de las creencias sexistas que el consumo de pornografía; a ello podríamos agregar otro factor: el alejamiento del pensamiento crítico del feminismo tiene mayor incidencia en la aceptación de actitudes y creencias sexistas, más allá de que se vea o no pornografía.
Estos resultados permiten varias reflexiones:

La relación de los hombres con la pornografía reproduce dinámicas esenciales en la construcción de la masculinidad: distinción con las mujeres y lo femenino, así como generación de alianzas y unidad entre los varones y su masculinidad.
Respecto al primer punto, incluye aceptar la heteronorma y evitar mostrarse dudosos, temerosos o sin intención de querer ver la pornografía pues ello puede generar bromas, burlas, insultos e incluso amenazas alusivas a su “feminización”.
También alude a un proceso de distanciamiento y acercamiento a las mujeres: distanciamiento en el plano de lo afectivo; acercamiento de forma instrumental al volverse objetos de deseo y de prestigio entre hombres.
En lo que refiere a la construcción de alianzas entre hombres, la socialización del porno implica un espacio de cofradía en el que se reafirman relaciones afectivas entre varones, a la par que se hace un trabajo de vigilancia -sobre el cumplimiento de la heteronorma- y jerarquización intragenérica -quien circula el porno o comparte conocimientos sobre sexualidad adquiere una posición de distinción y estatus.
Por otra parte, frente a la poca información disponible la pornografía se vuelve casi el único medio para conocer lo que sucede en el acto sexual.
Habría que agregar que estos procesos sociales en la relación pornografía-masculinidad son siempre imperfectos, se encuentran en tensión y transitan hacia diferentes lugares.
Existen tensiones entre los mandatos tradicionales de género que promueven una hiper y hetero sexualidad y los imaginarios provenientes del discurso feminista que promueven nuevas formas de relaciones intra e intergénerica, nuevos vínculos con la sexualidad y una perspectiva crítica de la pornografía.
Más aún, permiten comprender que el deseo sexual de los hombres no es algo estático a pesar de los mandatos normativos imperantes en los procesos de socialización masculina —principalmente en la adolescencia—, lo que produce una relación compleja en el vínculo existente entre masculinidad-sexualidad-pornografía.


Nota en el periódico La Prensa, 10 de octubre de 2023.

Tal como ya se ha referido, los resultados cuantitativos de esta investigación indican que las creencias sexistas son aceptadas o rechazadas independientemente de que se consuma pornografía o de la frecuencia con la que se consume.
Sin embargo, en muchos testimonios vertidos en los grupos focales sí se reconoce que el porno refuerza ideas sexistas, pero estas consideraciones sólo aparecen cuando se incorpora un marco de referencia contrahegemónico o feminista que, por contraste, permite comparar la manera en que se presentan los cuerpos, las intenciones, los discursos.
En este sentido, pareciera que la presencia de la pornografía no basta para determinar si su consumo será un elemento determinante para que una persona justifique o naturalice la violencia hacia las mujeres; pareciera que son factores externos -de manera muy clara, tener contacto con posiciones feministas- los que pueden predecir si las personas pueden enterarse de las condiciones de explotación o de trata de personas que pueden presentarse en el porno, así como la manera en que los cuerpos femeninos o feminizados son objetualizados para el placer masculino heterosexual.
También son estos factores externos los que en muchas ocasiones pueden conducir a los hombres a dejar de consumir pornografía o bien buscar un consumo más ético de pornografía basado en la revisión de las condiciones y orígenes del material que se está consumiendo.
Más allá de esta nueva relación con la pornografía, el feminismo les permitió a estos hombres cuestionar sus aprendizajes masculinos, al mismo tiempo que les permitió acceder a otras formas de entender la sexualidad, ligadas a una mayor exploración del deseo y los gustos personales, el aprendizaje de formas de conectar por medio de la sexualidad con el placer propio y el de las parejas, y también a mejorar las capacidades de rendimiento sexual; ello redundo en tener mejores relaciones afectivo-eróticas con sus parejas.









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